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Exposición "Tesoros eléctricos" Museo Nacional de Escultura (Valladolid)

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La exposición "Tesoros eléctricos" (2 de diciembre de 2017 - 11 de marzo de 2018) se halla en el Museo Nacional de Escultura (Valladolid). El Museo Nacional de Ciencia y Tecnología participa con dos piezas de su colección en esta muestra.

El Diecinueve fue un siglo tan ansioso de belleza y elegancia como huérfano de ideas propias, y, por ello, proclive a refugiarse en el pasado, a inspirarse en tiempos más confortables que su convulso presente.

El título, "Tesoros eléctricos", anuncia la singularidad de esta exposición que no ha querido limitarse a la simple y desnuda reunión de un conjunto de delicados facsímiles clásicos, asociándolos a aquel pasado al que imitan pero al que nunca pertenecieron. Más estimulante es considerarlos como objetos fabriles nacidos en plena euforia de la segunda revolución industrial, en las décadas finales del siglo XIX, cuando, a la vez, y no por casualidad, las artes del ornamento experimentaban un reconocimiento y aprecio sin precedentes.

En la muestra se exponen 2 piezas del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología:

Generador eléctrico (1890-1910) Société Nouvelle des Établissements de l'Horme et de la Buire. Lyon.

El funcionamiento de los generadores eléctricos se basa en la inducción electromagnética. En ellos, las bobinas del estátor (cuatro en este caso) generan un campo magnético giratorio que arrastra consigo a la parte móvil: el rotor, que está  compuesto por un bobinado de cobre cuyos extremos están unidos mediante dos anillos del mismo metal. La corriente inducida en el rotor se recoge mediante un juego de escobillas situadas en un extremo del mismo, el colector. Parte de la corriente generada se conduce nuevamente hacia las bobinas para alimentarlas y generar el campo magnético giratorio. Según parece, fue Gramme el primero en construir una máquina dinamoeléctrica con fines prácticos. No obstante, E. W. Siemens concibió el mecanismo que alimenta las bobinas desviando parte de la corriente generada por la propia máquina.

Pila termoeléctrica de Clamond (c. 1900)

En 1821 Thomas Johann Seebeck descubrió que al unir por los extremos dos conductores metálicos distintos formando un circuito cerrado y calentar después una de las soldaduras o uniones, se producía una corriente eléctrica continua. Si este circuito se rompe por el extremo frío el resultado es un termopar, dispositivo en el que la tensión o potencial eléctrico entre los dos metales que lo conforma está en función de la diferencia de temperatura entre las uniones y del tipo de metal. Este es el principio en el que basa su funcionamiento una de las primeras pilas termoeléctricas que se utilizaron en la industria y que fue desarrollada por Charles Clamond en 1874.

El aparato que se conserva en el MUNCYT dispone de 66 elementos termopares formados por piezas de metal de Marcus –como se conocía al material termoeléctrico compuesto por dos partes de antimonio y una de zinc- para uno de los metales, y placas o láminas de hierro para el otro. Estos pares se disponen en coronas de 11 unidades aisladas entre sí por láminas de mica que se ensamblan en torno a un cilindro hueco de hierro rodeado de material refractario. En el espacio interior se ubica el mechero que reparte la energía térmica procedente de la combustión del gas hacia las soldaduras interiores de la pila, que se calientan mientras que las exteriores y únicas visibles permanecen a una temperatura cercana a la del ambiente.

Este tipo de pilas fueron muy utilizadas en galvanoplastia a pesar de que sufrían un rápido deterioro y resultaban costosas por el gasto en combustible. Con un aparato de 60 elementos era posible obtener un depósito de cobre por electrólisis en torno a 3.3 gramos por hora mientras que la pila más grande de este estilo -formada por 150 elementos- consumía hasta 800 litros de gas por hora.

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Fecha de inicioSáb, 02/12/2017

Fecha de finDom, 11/03/2018

TipoTemporal